Noveno día de campamento
Velada de relajación
Bienvenidos chicos, habéis llegado a una de las últimas paradas de este viaje. Llevamos muchos días recorriendo el mundo y poco a poco hemos ido viendo cómo el final del viaje se va acercando. Pero ahora estamos aquí para poder descansar un ratito y recuperar fuerzas para estos días que nos quedan.
A lo largo de estos días habéis vivido múltiples aventuras, hemos conocido a un montón de amigos, hemos reído juntos y hemos compartido tantísimas cosas…
Hemos aprendido todo tipo de cosas sobre los distintos lugares que hemos visitado… hagamos memoria…
Nuestra aventura alrededor del mundo comenzó en España, un país que conocemos a la perfección. Aquí, en España, podemos disfrutar de este clima cálido y agradable. Imaginémonos en un día soleado, donde corre una suave brisa y cogemos nuestros bañadores y toallas para disfrutar de un agradable día de playa. Según llegamos metemos nuestros pies en la arena y jugueteamos con ella. Notamos cómo cada grano de arena nos cubre los pies… Estiramos la toalla y nos tumbamos, estiramos cada parte de nuestro cuerpo. Mientras escuchamos las olas del mar ir y venir sentimos cómo nuestro cuerpo pesa y se hunde en la arena; pesa tanto que no podemos movernos y sólo sentimos la arena bajo nuestro cuerpo y el ruido del mar de fondo nos hace soñar y volar hacia un nuevo destino.
Turquía fue otro de los países elegidos. El país de las mil y una noches, donde sin darnos cuenta nos encontramos paseando por sus mercados, donde el olor a té y a incienso nos relaja y nos lleva a un mundo de colores, telas y dulce; donde el sonido de los tambores y las flautas nos hacen volar hacia un país de palacios y arena.
Nos sentamos sobre un cojín en un puesto de telas y los vemos flotar sobre nuestras cabezas, despacito, haciéndonos sentir un suave cosquilleo sobre nuestras caras, sentimos cosquillas sobres nuestra nariz, nuestras pestañas y sonreimos mientras nos vamos quedando dulcemente dormidos.
Y, de nuevo, un sueño nos lleva hasta Pekín, la ciudad oriental por excelencia. Y nos vemos rodeados de gente distinta a nosotros. Nos fijamos en sus ragos… pelo negro, ojos rasgados, cara redonda. Cerramos los oos y les pasamos las manos por el rostro, mientras alguien golpean un gong . Giramos la cabeza y observamos cómo unos ancianos realizan una técnica milenaria de relajación: el TAICHI. Intentamos imitar sus movimientos, al ritmo de la música, lentos y pausados, coordinando todas las partes de nuestro cuerpo, alineando el centro del mismo con el suelo, guardando el equilibrio en completa armonía. Una vez acabado nos sentamos con esos ancianos tan sabios y nos cuentan que una vez oyeron hablar de una isla lejana, donde convivían diversas tribus de diferentes culturas y dicidmos de jar volar nuestra imaginación y llegar a…
Malasia, donde nos encontramos por casualidad con una tribu que vive en la selva, aislada de toda civilización, ajena a ruidos y contaminación, donde el cielo es su techo y la naturaleza su mejor amiga. Viven en completa armonía con el mundo y eso nos hace sentir tranquilos y relajados. Respiramos suavemente, sintiendo cómo se ensanchan nuestros pulmones con tanto aire puro. Y queremos que el tiempo se detenga y que nunca escapemos de aquel lugar. ¿Os imagináis lo felices que seríamos respirando aire puro, sin ruidos de coches y móviles, comiendo lo que podamos recolectar de la naturaleza y sonriendo a todos nuestros amigos, en aquel luga r donde no hay espacio para el enfado y el mal humor?
Nos sentamos con toda la tribu, compartiendo con ellos nuestro tiempo, disfrutando de los ruidos de la naturaleza. La tierra donde nos secamos está seca, la tocamos, sentimos su áspera textura, nos manchamos las manos con el polvo y los miembres de la tribu nos enseñan su instrumento para invocar al agua, unos palos de lluvia llenos de color y fantasía; los mueven de un lado al otro y ese ruido tan suave nos va sumiendo en un estado de adormicimiento y, sin darnos cuenta, cruzamos la inmensidad del océano Pacífico y ponemos nuestros pies en Australia, tierra de surfistas y canguros, donde todo huele a fruta fresca y nos decidimos por dar un paseo por la orilla del mar, disfrutando de la tranquilidad de un bonito atardecer. Sentimos los últimos rayos del sol llenándonos de energía. Primero en el pelo, luego en nuestra cara, la nariz, el cuello, que va descendiendo por nuestros hombros, sintiendo el calor en los brazos, las manos y todos y cada uno de nuestros dedos.
De pronto, el calor baja por nuestro pecho, se esconde en nuestro ombligo y juega allí hasta llegar a nuestras caderas. Ya en las piernas, el calor se confunde con el frescor que sienten nuestros pies al entrar en contacto con las olas que rompen en la orilla. A lo lejos, vemos cómo un canguro va dando pequeños saltos con sus dos crías dentro de la barriga y esto nos hace sonreir y pensar en lo tierno de la imagen. Nos sentamos un momento para descansar del largo paseo. Los últimos rayos del sol se confunden con el horizonte y comenzamos de pronto a oir el sonido de tambores y música fiestera… No nos damos cuenta, pero… amigos… ¡el paisaje ha cambiado! Nos encontramos rodeados de edificios, gente, coches, más gente hablando muy alto; pero nosotros estamos tan relajados que comenzamos a caminar entre la gente, sin darnos cuenta, no oimos ruido, ni el bullicio del tráfico y el ir y venir de la gente. Nadie se da cuenta de nuestra presencia en Nueva York, la ciudad que nunca duerme, la gente está continuamente estresada, va corriendo a su trabajo, al colegio, gritan en los atascos, se enfandan por todo y casi no sonríen.
Pero nosotros hemos hecho un viaje muy largo donde todo ha sido hermosos y lleno de tranquilidad, seguimos caminando y seguimos ajenos al ruido; y comenzamos a disfrutar de la diversidad de culturas y etnias. Las luces y colores de la ciudad nos guían y nos llevan a disfrutar de los rascacielos que parecen hacer cosquillas al cielo. Levantamos la vista, contamos los pisos del Empire State… 1, 2, 3, … 29, 30, … 52, 53, 54 … y poco a poco, sin darnos cuenta nos sentimos pequeños entre tanto hormigón, cada vez más pequeños, como una hormiga diminuta y de un gran salto nos transportamos a …
Kenia… El calor se nota en el ambiente, miramos el horizonte y nos detenemos a observar la extensa llanura de tierra seca… Una nube de polvo nos envuelve y un ruido fuerte nos hace estar alerta… fijamos la vista y una manada de jirafas se acerca. No tenemos miedo poruq sabemos que son inofensivas. Nos paramos a mirar sus largos cuellos, parecen confundirse con el cielo azul de la sabana africana. De pronto, una mariposa de hermosos colores se posa sobre nosotros. La cogemos entre las manos, con mucha delicadeza, la acariciamos las alas, nos hace cosquillas en la yema de los dedos. Azul, rojo, amarillo, verde… que ruido de colores; éstos sólo se pueden ver en Africa, en Kenia, donde el calor nos golpea en la cara y seca la tierra… Donde la naturaleza cobra todo su sentido, el lugar del planeta donde todas las especies de animales salvajes conviven en plena armonía, donde leones, tigres, elefantes, cebras, jirafas y rinocentores se respetan y toleran, siempre cumpliendo con el ciclo de la vida… Poco a poco vamos tomando conciencia del largo recorrido que hemos hecho, nuestros pies están cansados pero tenemos tantas ganas de seguir disfrutando que pensamos que ojalá no acabara nunca este viaje alrededor del mundo.
Pensemos rápidamente en los lugares que hemos conocido: España, Turquía, Pekín, Malasia, Australia, Nueva York, Kenia… Lugares maravillosos, sin duda.
Aún nos quedan dos paradas más… ¡quién sabe las sorpresas que están por llegar!







Estabamos ansiosos por saber algo más de vosotros, no sabíamos si alguna incidencia imposible de predecir en el viaje….una manada de elefantes asustada…. tal vez una erupción de un volcán podía haber impedido que os comunicaseis con nosostros, pero debe ser debido a que ganais un día con vuestra vuelta al mundo, porque hablais de día noveno y si las cuentas no me fallan ya estais en el día 11, por lo tanto habeis ganado dos días!!!! esperamos impacientes más noticias y fotos y por supuestos os esperaremos mañana con los brazos abiertos…..
Bueno chic@s: como el resto de padres estamos con ganas de veros y que nos conteis cientos de aventuras y anecdotas que habeis vivido por estos paises, pero seguro que os gustaria haber conocido alguna ciudad mas. Habeis superado una edicion mas de los campamentos de verano de la velilla y con la ayuda de los monitores una etapa mas en vuestra vida, que os habra enriquecido como personas de futuro siguiendo un ideal que sabreis trasmitir al resto de vuestros amig@s, herman@s, etc. Hasta pronto!!!!
Dios mio, que maravilla y yo pensando que mi hijo iba a un “campamento de verano”
bssss